jueves, 10 de marzo de 2016

Carta a la parroquia

El año santo de la misericordia es un don que nos regala el Señor, para nuestro camino de fe. El trece de marzo de este año, cuando nadie lo esperaba, Papa Francisco nos sorprende indicándonos que todas las catedrales del mundo, santuarios, podrían gozar de esta gracia. También el paso de una celda a otra en una cárcel y en cualquier acontecimiento de nuestra vida. Inicia el mismo, abriendo la puerta santa en la catedral de Bangui (en el corazón de África).

Mirando a nuestro alrededor, llenos de guerras, decepciones, crisis económicas y dificultades de toda la humanidad para vivir una vida digna, el gritar la misericordia infinita de Dios, es un deber de cada creyente. No es clamar en el desierto, es anunciar sin miedo que otra sociedad es posible y que Dios no abandona a quienes ama.

Esa misericordia se hace carne entre nosotros, os pongo tres ejemplos preciosos, verdaderos que viven entre nosotros: un niño de trece años prepara y lleva al colegio a sus dos hermanos, su madre se levanta  muy temprano a trabajar, él prepara todo, desayunan juntos, les levanta a tiempo y con alegría les lleva a su colegio. Deja todo ordenado, no se le puede pedir más a este chico, los que le conocemos nos admiramos de su coraje y amor a su familia que con tanta dificultad está tirando para adelante. Otro ejemplo de misericordia, "Juan", antes de trabajar se levanta muy temprano para llevar a un amigo al hospital, lo hace todos los días, dice que se siente confortado y lo hace con extremo cariño y agradece al Señor que pueda hacer algo bueno por los demás.

El último, es de un hermano sacerdote, ha sido un gran párroco, muy inteligente, ha sufrido dos operaciones del corazón de altísimo riesgo, superó un cáncer de laringe, siempre alegre y agradecido a la vida, hoy está retirado en la casa sacerdotal, se dedica a orar por todos y tener palabras de afecto a todos, todas las noches antes de ir a descansar, abre las ventanas de la biblioteca reza por la ciudad, por todos los hombres y mujeres, por los jóvenes y los niños, a mi pregunta por qué hace eso, me dice: "Es lo único que puedo hacer por tantas personas que necesitan la bendición de Dios". Eso es la misericordia que debemos hacer y son ejemplos vivos que en este mundo existen personas maravillosas y buenas que predican con las obras.


Vuestro Párroco

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